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Por Juan Ballesteros, Héctor Martínez,
José Mª Barahona, Fernando Gómez y José Mª Jiménez
Todo
empezó con una idea de un componente de la expedición, al que más tarde nos uniríamos
los demás,
Cinco en total: Juan, Piti, Barahona,
Fernando y José Mª.
Tras un duro año de trabajo vimos
realizado este sueño que ahora os relatamos.
Respecto al tema de
patrocinadores y subvenciones a nuestro gusto poco mal y tarde, pues un año
después de la actividad todavía faltaba alguna limosna por recibir. En
nuestra modesta ciudad lo que no sea un balón sobra, y como fue de lógica el
coste de la expedición salio de ..........
Tras un duro año de trabajo vimos
realizado este sueño que ahora os relatamos.
Concluido en gran parte el equipaje,
material y demás cosas (pasaportes, vacunas, cambio de moneda, etc.) nos
dispusimos a empezar nuestra hazaña. Salimos un 28 de Junio rumbo Lima. En
nuestras metas estaban los esplendorosos, además de arrogantes Alpamayo y
Quitaraju; pero si os contamos la verdad, teníamos más inquietud con lo de
montar en el avión (era nuestra primera vez).
Ya en Lima, pernoctamos en un hotel y
al día siguiente cogimos el colectivo que nos llevaría a Huaraz, en el
Callejón de Huaylas, Cordillera Blanca.
Desde Huaraz, al segundo día de estancia, nos dirigimos al Glaciar del
Pastorouri, situado al sur de la ciudad y bajo sus glaciares a más de 4.900 m. Escalamos en los
serács para entrar en contacto con la nieve y la altura. Nos dimos cuenta
enseguida de que no éramos tan chulos y tampoco meamos colonia.
- Chico, ¡qué dolor de cabeza!, si
tampoco hemos subido tanto.
Al día siguiente participamos en una competición de escalada que
había en Huaraz, con motivo de la
Semana del Andinismo; con más meritos que satisfacción de
nuestros resultados en la misma.
Nos despertamos pronto, desayunamos
y quedamos con nuestro cocinero contratado a través de una agencia local; se
llama Fortunato, y también nos acompañaría su sobrino Jerónimo, que más tarde
seria el pilar de nuestro éxito en el Quitaraju y Alpamayo.
Concluidas las compras nos disponíamos a organizar la aclimatación en
la Quebrada
Ishinca. Tuvimos que retrasar la salida un día, debido a un
zumo de frutas con huevo, que dejó en K.O. técnico gastroenteristico al tío
Chema.
Por fin pudimos partir. En la Quebrada Ishinca
permanecimos 5 días, subiendo a los dos nevados previstos, Urus e Ishinca.
Los dos primeros días con algún síntoma de estos: garganta hinchada como si
te hubieras comido todo el algodón de una farmacia y cabeza como la
"Tamborada de los Maños" , diarreas y otras hierbas eran
habituales.
Los siguientes días continuamos mejor ya que nuestros cuerpos se iban
aclimatando.
Bajamos a Huaraz y descansamos un
par de días, unos más que otros, puesto que había eventos de gran interés en
las discotecas de la ciudad.
De nuevo más compras y preparativos
para afrontar las dos cumbres principales de nuestro proyecto. Jerónimo,
nuestro porter-cocinero, nos recomendó que accediéramos por la quebrada de
los Cedros, mejor que por la
Quebrada de Santa Cruz, y una vez realizadas la ascensiones
descenderíamos por esta ultima.
Alquilamos una combi (furgoneta de
usos increíbles), salimos en dirección a Hualcayán, 120 Km. Al norte de Huaraz
por carreteras y caminos dignos de ver. Llegamos al poblado, descargamos y
pagamos al conductor.
Entablamos conversaciones con los nativos de la aldea para que nos
proporcionasen burros, tarea nada fácil ya que no es el punto de partida
habitual para comenzar la aproximación. Aquí, en Hualcayán, pernoctamos de
forma agradable debido al trato con sus gentes, poco acostumbradas todavía al
trato con expediciones de "gringos".
Preparamos los mulos y comenzamos
una buena caminata entrando en la
Quebrada de los Cedros, pasamos próximos a las lagunas
Yuraccocha, Azulcocha Cullicocha y llegamos a un collado de 4.800m. para
terminar esta jornada en el primer campamento.
Despertamos, desayunamos y nos pusimos en marcha de nuevo para
acceder a la
Quebrada Alpamayo. Pasamos la Laguna de Jancarurish y
una hora más tarde llegamos al campamento base de la Quebrada del Alpamayo.
Las dos Siguientes jornadas ya no
serian con las cargas en los burros, sino nosotros cargados como burros.
Pasamos por un collado 5.000
m. Y así acceder al campamento morrena junto la Glaciar Bogan a 4.800 m. Al día siguiente
continuamos la aproximación al campamento avanzado del Quitaraju, observando
entre risas como un par de cordadas de andinistas descendían con frontales ya
en la noche.
Despertamos a las 3:30 para
desayunar y ponernos en la arista de la cara Norte del Quitaraju. Dura
ascensión hasta la cima debido a sus 800 m. de vía. Una vez en la cumbre nos
situamos en medio de una arista que prometía fuertes sensaciones, 12 rápeles
nos separaban de completar nuestro primer 6.000 m. El descenso nos
dio la expuesta de por qué los andinistas de ayer tardaron tanto "¿ahora
quien se ríe?".
La siguiente jornada fue de
descanso para recuperar alguna que otra tripa suelta.
Desmontar y transportar todo el material hasta el campamento avanzado
del Alpamayo nos ocupó otro día.
Pregonamos a viva voz que nos
íbamos a levantar a las 2:30 delante del resto de vecinos de tiendas
(austriacos, colombianos, franceses...) magistralmente nos levantamos a las
00:30 para que no nos "pisaran la vía" de nuestro principal
objetivo en esta expedición, el Nevado Alpamayo.
Para escalar la vía Ferrar hicimos
una cordada de 2 y otra de 3. La dificultad técnica de los dos últimos
largos, el frió de la noche y el continuo desprendimiento de hielo y nieve
fue lo que dio carácter a la ascensión.
"CUMBRE", fotos y a
rapelar. El descenso del Alpamayo fue menos comprometido que el del Quitaraju
ya que era una línea más evidente y con alguna estaca en los rápeles, pero
eso no quiere decir que nos libráramos de algún "mendrugazo" de
hielo que arrastrara algún andinista poco madrugador (se levantarían a las
2:00?).
Desde el Campamento de altura del
Alpamayo observamos las tarea ya terminadas, comenzamos el descenso hasta el
campamento base de la quebrada Arhuaycocha, primer campamento que aconsejan
en todas las guías para esta actividad, y que nosotros usamos como ultimo
campamento gracias al acertado conejo de Jerónimo.
Tardamos en encontrar arriero,
tanto que veíamos que nos tocaba pasar otra noche por allí. No teníamos mas
comida y lo último que ingerimos eran unas galletas que nos dio un amable
mejicano que por allí andaba. Gracias a Jerónimo, una vez mas, quien
convenció a un arriero, bajamos a Cashapamapa. Se nos hizo interminable,
todavía nos quedaban más de 25
Km y 1500
m. de desnivel.
Ya entrada la noche, casi sin luz
en las linternas, conseguimos llegar hasta algún lugar de Cashapampa donde
amablemente nos sirvieron unas cervezas que acompañamos con unos cigarrillos,
en lo que nos hacían unos huevos con papas fritas (Creo que sobran más
descripciones para este momento).
Esta misma noche conseguimos llegar
al hostal en el que estábamos alojados en Huaraz y así poder descansar de una
jornada no menos dura que las de escalada.
En esta historia también hubo
Amazonas, Pacifico, museos, fiesta..... Pero si queréis saber algo mas, tan
solo un vuelo Madrid-Lima con escala en Bogotá os separa de vuestra propia
historia.
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