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Empiezan
a sonar las alarmas.
La ocupación turística en el
Pirineo decrece en muchos valles y en los más afortunados se estanca.
Parece ser que la fórmula del “pelotazo urbanístico” como medio
necesario para financiar las ampliaciones de estaciones esquí, o
simplemente las recalificaciones para hacer ricos a cuatro tipejos, sólo
consiguen urbanizaciones y bloques de apartamentos que, además de afear el
paisaje, principal activo de esas tierras, obligan a los ayuntamientos a
ingentes inversiones para dotar de servicios a las nuevas zonas.
Y no acaba ahí todo. Hay más, porque la especulación,
está consiguiendo efectos perversos:
1.- No genera empleo, al contrario que
hoteles, restaurantes y casas rurales. Los ocupantes de los nuevos apartamentos
o adosados, a lo sumo utilizan sus viviendas en periodos muy concretos y
espaciados, y cuando lo hacen, son demandantes menores de servicios de la
industria turística.
2.- La periodicidad del visitante, que cuenta con
su propio alojamiento, hace el turismo más estacional de lo que ya es en
nuestro Pirineo, y eso obliga a los servicios turísticos a incrementar sus
precios para compensar los periodos de muy baja ocupación.
Por otra parte, los sobreprecios de la especulación
del suelo, derivados de las recalificaciones, repercuten en los precios de las
viviendas y de todos los elementos económicos que se mueven alrededor del mundo
de la construcción, tanto en salarios, servicios, materiales etc, con lo que
este efecto, acaba tarde o temprano trasladándose a los precios de los
servicios turísticos, encareciéndolos, y haciendo la oferta poco
competitiva y por ende menos atractiva.
3.- Muchas de las barbaridades
urbanísticas comentadas, sólo consiguen afear el paisaje, espantar al
turismo de calidad y destruir el mejor activo con que cuenta nuestra
industria turística. de lo que ya es en nuestro Pirineo, y eso obliga a los
servicios turísticos a incrementar sus precios para compensar los periodos de
muy baja ocupación.
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Cuenta José Luis Trasobares en el
Periodico de Aragon, como la falta de ideas, y la pereza por conseguirlas, está
provocando que bajo la excusa del esquí, y ahora del golf, se esté construyendo
y robando el territorio del Pirineo, que es precisamente el mayor valor que
tienen estas zonas: La tierra.
Entre Jaca y Villanúa se ha desarrollado a lo largo de la carretera una especie
de extraña ciudad lineal que viene a ser el gran paradigma de cómo el Pirineo
aragonés está siendo desarrollado urbanísticamente de acuerdo con los peores
modelos mediterráneos. Pero en medio de ese valle arruinado todavía quedaba,
como una isla verde, la aldea de Aruej, con su iglesia románica y su torreón,
sus praderas y su monte. Mas ahora resulta que también ese lugar va a ser
construido a tope.
Los propietarios del citado terreno han logrado que el Ayuntamiento de Villanúa
apruebe un plan parcial y acepte un convenio ad hoc que no solo permitirán
edificar en lo que hoy es la aldea propiamente dicha (77 viviendas, un hotel y
otros equipamientos, con una densidad superior a la del centro de Jaca), sino
también en los prados circundantes, donde irán otras 292 viviendas y más
servicios.
Gente que conoce el tema me ha indicado que la operación está trucada para
multiplicar el volumen de edificabilidad burlando incluso las Directrices
Parciales para la
Ordenación del Pirineo. El Ayuntamiento de Villanúa, que ya
puso en marcha tres mil viviendas y ahora se lanza a por otras tres mil más
(para un pueblo cuyos residentes habituales no son más de doscientos
cincuenta), no va a respetar el oasis de Aruej ni su paisaje ni sus recursos
medioambientales ni nada de nada. Y todo por una retribución de menos de dos
millones de euros. El chocolate del loro en un pelotazo que producirá
beneficios de varias decenas de millones.
Así es como el Pirineo está siendo sometido a un proceso de degradación
irreversible; un proceso en el que las instituciones no son simples cómplices
sino parte activa del desmán. Y todo en nombre de un negocio que mueve mucho
dinero ahora pero hipoteca el futuro y transfiere sus pingües ganancias fuera
de la montaña. Este falso desarrollo ha alcanzado ya proporciones de desastre.
Lo más triste de lo que pasa en este Pirineo sin Ley (el presidente Iglesias la
prometió, pero luego se ha olvidado de ella) es que su actual modelo de
desarrollo no es sino el fruto de la falta de ideas y de la pereza. Se ha
optado por una brutal expansión inmobiliaria porque genera un cash flow
impresionante y unos beneficios tan rápidos como extraordinarios sin tener que
estrujarse la mollera ni nada parecido: te recalifican y ya está.
Por supuesto nadie contabiliza el coste medioambiental y paisajístico, que es
inmenso. La cosa ha llegado a tal punto que el Gobierno de Aragón plantea ahora
a los constructores la obligatoriedad de ubicar adecuadamente los escombros que
generan. Sin embargo, el mismo Gobierno no se ha impuesto a sí mismo obligación
alguna respecto al masivo vertido de materiales que la empresa Aramón (donde la DGA va a medias con Ibercaja)
llevó a cabo en el cauce primigenio del Gállego cuando amplió Formigal por
Espelunciecha (otra chapuza de padre y muy señor mío).
Así estamos. En todos los valles se compra y se vende suelo. Aramón oficializa
con sus proyectos de esquí extensivo y ahora sus campos de golf ese disparate
que es el Pirinegocio. Los alcaldes recalifican a mansalva. Y la sombra de la
sospecha
Fuente: Ivan Nevasport
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